
POR RYE
He caído en el rastro de Roman Opalka, he tropezado en su delirio por el infinito, en su obsesión por asesinar la eternidad dedicando toda su obra a pintar números, del 1 al infinito. Junto a EriK Satie ese piano que se repite enloquecido, Opalka se suma al grupo de mentes condenadas al arte de repetir y sumar para nosotros.
Roman Opalka (nacio en 1931) es un pintor francés hijo de un inmigrante polaco. Tras su carrera de litógrafo, entre 1951 y 1956 estudió pintura, grafismo y escultura en la Academia de Bellas Artes de Lodz. Si Opalka había abordado con anterioridad en diversas series de obras el fenómeno del tiempo, a partir de 1965 – año en el que comenzó su proyecto titulado 1965/-∞- se consagró exclusivamente a su representación pictórica. A diferencia de On Kawara, en cuya Today Series el presente ocupa una posición singular, Opalka parece interesarse más por una representación del flujo temporal que transcurre de una manera homogénea.

La concepción de su serie Infinity Paintings, o pinturas del infinito, se basa en el principio elemental de la progresión. En 1965 termina su primer cuadro, titulado 1965/-∞ (Detail 1-35327), que comienza con la cifra 1 en blanco sobre fondo negro e la parte superior izquierda para continuar sumando unidades en series numéricas superpuestas hasta alcanzar la cifra 35.327. El siguiente cuadro de la serie – Opalka concibe cada cuadro en el sentido de una cifra – enlaza con el primero con la cifra 35.328 colocada en la parte superior izquierda, y así sucesivamente.
“Mi objetivo es llegar hasta el blanco sobre blanco, y todavía sigue vivo.”
Todos los cuadros tienen el mismo tamaño, cada nuevo lienzo que el artista llama un “detalle” es del mismo tamaño (196 x 135 cm), la dimensión de la puerta de su estudio en Varsovia y están pintados con la misma técnica. Opalka solo volvía a impregnar su pincel de pintura cuando las cifras empezaban a resultar ilegibles.
A principios de los años setenta Opalka decidió incrementar en un 1% la proporción de color blanco en cada cuadro, de modo que los fondos, inicialmente negros, terminaron siendo grises. Esta manera de proceder daba lugar, al menos teóricamente, a que las cifras de un día se fundiesen indisolublemente con el fondo blanqueado del cuadro.
Retratos – Exposición permanente en el Centro de Arte Contemporáneo de Varsovia
A partir de 1968 Opalka acompañó cada cuadro con una grabación magnetofónica en la que enumeraba en polaco, su lengua materna, las cifras que iban apareciendo en la tela. Además al término de su jornada laboral realizaba un autorretrato fotográfico. En 1998 el artista, que aún continúa trabajando sin interrupción en su serie 1965/-∞, llegaba a la cifra de cinco millones.
Son más de 200 los cuadros con los que el Chico que sumaba ha venido documentando el paso natural del tiempo vinculado a su iografía. Opalka pinta y cuenta para acercarse al infinito al que alude en el título de su obra. Cuando la primera molécula de pintura calló sobre el lienzo para dibujar el número uno, todas las vidas fueron condenadas a la mortalidad; la obra, que es el misterio que se repite, es el infinito que nos vigila y nos sostiene. Roman, querido amigo, todos sumamos junto a tí.
“Toda mi obra es una sola cosa, la descripción de número uno hasta el infinito. Una sola cosa, una sola vida. “




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