
Fotografía Nobuyoshi Araki, Vogue Homme Japón
POR RYE
La historia de la industria está llena de anécdotas, mitos y leyendas. Desde el modelo T de Henry Ford que revolucionó la industria automovilística (en realidad, la inventó), Graham Bell y su teléfono, la Coca Cola y la fórmula secreta de su jarabe, hasta el actual IPod con su secreta nano tecnología táctil (juicios de autoría aparte), entre otros muchos nombres ‘ilustres’ que componen la galería de productos que nos llevamos a diario a la mesa para devorar con ligereza y placer.
Con la llegada de la radio y la televisión la música alcanzó el estatus de industria. Los medios de comunicación masiva hicieron de la música y sus artistas productos sumamente rentables. Es irónico que hoy esos mismos medios renovados en la Internet vuelvan a la palestra para amenazar esa industria. El caso es que la música se convirtió en una industria con sus propias leyendas, mitos y sobre todo fórmulas secretas.
La industria de la música lo dejó claro el siglo pasado: no vendemos arte, vendemos entretenimiento. Mientras el arte es imperecedero y eleva el espíritu, el entretenimiento es volátil y advenedizo. Es así como la industria de la música hecha mano de aquella varita mágica que todo lo puede y todo lo transforma: el marketing.
A partir de allí llegamos a la actual producción en serie de ‘estrellas del pop’. Una producción que se sostiene en dos columnas: debe ser del gusto juvenil y debe parecer natural. La estrella del pop prefabricada debe ser fácil y melosa y sobre todo parecer espontánea y naturalmente limpia de cualquier relación con el sistema y la autoridad. Con estas dos claves el empresario puede emprender la creación de su estrella del pop.
El siguiente paso es determinar el nicho de mercado o la oportunidad de negocio. Lady Gaga es nuestro ejemplo. Cuando Britney Spears dejó de acaparar el mercado por el súbito corto circuito cerebral de su alter ego y Christina Aguilera junto a Jennifer López decidieron dedicarse a la noble tarea de embarazarse y criar hijos, el mercado quedó libre para ser conquistado. Entonces apareció Interscope Records – que dicho así quizás no te suenen familiar pero es un sello que iba a la deriva hasta que PolyGram y Geffen Records lo adquirieron y que desde entonces dirigen discretamente en un segundo plano – totalmente decidido a crear el caramelo del momento y hacerse con todo el millonario pastel.
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Era una gran oportunidad de mercado, había una generación de ansiosos niños adolescentes que se habían quedado súbitamente sin caramelo así que Interscope Records apostó a ganador. Ficharon a Rob Fusari para producir el disco. Un productor es el 90% del éxito en este tipo de empresas. Fusari es casi un niño prodigio, tocaba el piano desde los 8 años y desde los 10 participaba en concursos nacionales. El gran salto en su carrera ocurrió cuando su amigo Calvin Gaines le presentó a Vince Herbet que por entonces andaba construyendo el caramelo de moda llamado Destiny’s Child para la Columbia Records. Como era de esperar el talento de Fusari le valió el puesto de productor, trabajaría con Kelly Rowland como solista y de allí daría el salto a Arista Records para trabajar con nada menos que Whitney Houston produciendo temas conjuntamente con el productor Babyface (Michael Jackson, Mariah Carey, Aretha Franklin, Madonna, etc.) que llegarían al # 1 del Billboard (‘Love That Man’).
Rob Fusari había descubierto la fórmula del caramelo y el teje y maneje de la industria de la música lo cual le animaría a cocinar su propia versión. En 2006 ficha a una desconocida y la bautiza con el nombre de Lady Gaga. “Un día estábamos en el estudio trabajando y sonó la canción Radio Gaga de la banda Queen y entonces le dije, tú eres tan radio gaga que terminamos bautizándola así” Con su caramelo bajo el brazo Fusari salió a venderlo en todas las disqueras hasta dar con los amigos de Interescope Records que vieron en él la alianza que buscaban y de inmediato firmaron papeles allá por el año 2007.


El día D fue el 19 de agosto de 2008. 59:35’ duraba el álbum ‘The Fame’ producido por Rob Fusari (Jonas Brothers, Jessica Simpson, Kelly Rowland, Britney Spears, American Idol, Gloria Gaynor entre otras criaturas) con la participación en la producción de una las cabezas de Interscope Records, el señor Martin Kierszenbaum que firma con el seudónimo ‘Cherry Cherry Boom Boom’ – que de lo hortera que es ya dice mucho de él. Su participación en el disco ‘The Fame’ fue ante todo una estrategia comercial y un punto de vanidad que Fusari pasó por alto. Como el disco tenía que venderse en Europa también se aseguraron en el equipo de producción a Space Cowboy reconocido por llevar sus remezclas a los número uno de las listas europeas – I would Die 4 U, de Prince; Glamorous, de Fergie; además de haber trabajado con Sir Paul McCartney.
La historia la pueden completar ustedes, Lady Gaga salió, gustó, vendió y ganó. Para los que viven en la industria de la música no hubo ninguna sorpresa. Los señores de RCA Records creadores de Christina Aguilera se llevaron la peor parte. La competencia se les adelantó – estilismo incluido – y perdieron un año entero de cosecha. Inteligentemente guardaron todo el álbum y los videos y mandaron a Xtina a casa a seguir cuidando de su niño. El pan se les quemó en la puerta del horno. No estuvo mal, al menos no hicieron el ridículo con un circus de gira internacional llevando un triste espectáculo humano como hizo la Sony BMG con su producto defectuoso Britney Spears.
Esta es la historia de Lady Gaga, un éxito pero no un fenómeno. Una anécdota más en la industria de la música, un producto que se erigió en la revancha del estilismo comercial y por ello en caricatura de él. Lady Gaga, con sus máscaras y su cara de póker no fue nadie y por ello fue todos. Lady Gaga no dijo nada y por ello fue el discurso de una generación silenciada y aplastada por un sistema comercial en crisis. Lady Gaga hizo feliz a los niños pero también fue un producto cruel que elevó a la estratosfera a una chica llamada Stefanie Joanne Angelina Germanotta para luego soltarla sin paracaídas. Suerte para ella – bien haría en empezar de cero bajándose de la máscara. El arte de la música debería sobrevivir a la industria, si al menos los niños aprendieran a cuidar mejor de sus dientes no habría tanto póker face ni generaciones atragantadas y sobre todo artistas asfixiados.
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